La broma del yakuruna

La broma del yakuruna, de Julio César Gonzáles Arévalo, transcurre entre los ríos Cachiyacu y Huallaga, donde Ushico trabaja la tierra y pesca para sostener a su familia. El cuento muestra aspectos cotidianos de la vida shawi: los cultivos, la crianza de animales, la preparación del masato, la navegación en balsa y la importancia de compartir lo obtenido con la comunidad.

Ushico sale a pescar junto a Ishuca, su compañera de viaje. Ambos conocen el río, preparan los anzuelos y esperan la llegada de los peces durante el mijano. Una noche, la campanilla de su espiñel suena con insistencia, pero la soguilla no puede ser recogida. El pescador decide bucear y descubre que alguien ha atado su línea a la raíz de un árbol.

Más tarde, mientras duerme, se le presenta un anciano que dice ser el yakuruna, guardián de las aguas. Él reconoce que le jugó una broma, pero también le pide que le envíe tabaco y comida en pequeños recipientes dejados en el remolino. Ushico atiende el pedido y, al amanecer, encuentra una pesca abundante.

Además de contar un encuentro con un ser mítico, la historia deja ver una forma de entender el río como espacio de trabajo, alimento y respeto. Ushico no regresa a casa solo con peces: vuelve con una experiencia que comparte con su pueblo y con la certeza de que la perseverancia también necesita prudencia.

La broma del yakuruna

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